SABORES DE LA ALDEA: Cerveza Sargento Cabral

SABORES DE LA ALDEA

El Boom de la cerveza artesanal también llegó a Tapalqué. Para saber del tema conversamos con Pablo Haitzaguerre un joven de nuestra ciudad que empezó con el hobby de hacer cerveza y terminó  creando su Marca -Sargento Cabral-,  abriendo una cervecería y montando una fábrica. 

¿Cómo empezaste a fabricar cerveza? 

Siempre quise hacer cerveza. No sé bien por qué me atrajo, pero un día me compré un kit muy básico por internet y empecé en el garaje de mi vieja. Modifiqué unas ollas, un motor de lavarropas, todo muy casero para ahorrar (risas). Aprendí por tutoriales. La primera cerveza que hice era horrible, intomable. Mis amigos me decían “¡Que rico!”. Era rica porque la hacíamos nosotros pero yo no pagaba un peso por una cerveza así (risas). 
La cerveza era horrible, entonces algo fallaba. Así que empecé a hacer cursos y se me abrió un mundo. Ya llevo hecho más de quince, casualmente la semana pasada estuve en Mar del Plata haciendo uno en la fábrica de cerveza Brew house 
Con el tiempo me fui dando cuenta de todos los errores que cometía, incluso llegué a consultarle algunas dudas  a un bioquímico (Mario Rodríguez), porque la elaboración de cerveza  son procesos químicos bastante complejos.

¿Cuándo lo empezaste a pensar como algo comercial? 

En realidad se fue dando solo. Un día un amigo me dice “Tengo un bautismo ¿Me haces cerveza?”. Y así empecé, 20 litros a uno, 20 a otro y se armó una cadena. Ahí se sumó José Somma, un amigo, que después por cuestiones de tiempo y laburo no puedo seguir. 
Después se dio lo de la cervecería. También fue idea de amigos, yo no quería saber nada. Quería fabricar cerveza, aprender y punto. Pero tenía ese local que era de mi familia y la abrimos. Es lejos, pero el lugar tiene su impronta, y el que disfruta de esas cosas va, no importa si queda en la otra punta del pueblo. 

¿Y ahora diste otro salto ampliando la fábrica? 

Si, para dedicarme más de lleno comercialmente tenía que dar el salto. Obvio que tengo miedo porque la situación esta complicada, y estoy en un punto de no retorno. Solo me tranquiliza la idea de que no vivo de esto, porque tengo otro laburo, pero bueno, mudamos y ampliamos la fábrica y ahora son otros impuestos, tengo que pagar alquiler por el lugar , etc. Prefiero no pensar (risas). Me asocié con mi hermano Guido que se va a encargar de toda la parte comercial  y yo de la fabricación, que es lo que me gusta.  
Pasamos de una capacidad de 100 litros a 1100, es otra escala. Tuve que formarme en la manipulación de grandes volúmenes, pero en definitiva hacer treinta litros o mil es lo mismo.  La fábrica me gusta, me gusta estar acá, además cuando empecé a visitar otras fábricas me encontré con un mundo que no esperaba, todo se comparte.  Incluso hacen eventos abiertos al público, donde se cata cerveza, toca alguna banda, tienen galerías de arte, hay tatuadores. Me explotó la cabeza. 

¿Ahora estas conforme con la cerveza que haces? 

Tengo un caballito de batalla que es la Sargento Cabral, una cerveza de avena, que me gusta, fue la primera que dije esta es la cerveza que quiero hacer. Después los otros estilos tengo que seguir aprendiendo. Igual acá no tenemos mucha cultura de cerveza artesanal. Me ha pasado en la cervecería que nos dijeran “Dame la más parecida a la Quilmes que tengas” (risas). También está la costumbre de que hay que tomar mucho, y estas cervezas son pesadas, llenan, son para disfrutar. 

¿Y el nombre por qué? 

En realidad cuando empezamos estábamos en la calle Coronel Estomba y le íbamos a poner así, pero ya estaba registrado el nombre. Así que seguimos pensando y dimos con Sargento Cabral y nos gustó.