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La fiebre tiene mala fama
Por Dra. Florencia Núñez . Pediatra SAP

El verano está terminando, empiezan las clases y aparecen los virus. Es hora de reivindicar a la fiebre. Sí, lo leyeron bien: a la fiebre. 
La fiebre es el aumento de la temperatura corporal por encima de los 38º C y provoca cambios en nuestro organismo. Algunos son visibles como el enrojecimiento de las mejillas, el aumento de la frecuencia cardíaca o de la frecuencia respiratoria y otros pasan inadvertidos. Estos últimos tienen un fin más que importante ya que activan a nuestro sistema inmune (defensas) para luchar contra lo que en ese momento nos agrede. 
¿Y por qué tiene tanta mala fama entonces? Porque durante muchos años se la ha relacionado con convulsiones, deterioro neurológico y enfermedades graves. Esto la ha convertido en objeto de angustia y ansiedad de padres y médicos. 
Actualmente la tendencia es interpretar a la fiebre como lo que es: una aliada. Sabemos que por más alta que sea no daña al cerebro; y que las convulsiones febriles simples se producen en ciertos pacientes, no tienen relación con los grados de temperatura y no dejan secuelas. Tampoco indica necesariamente una enfermedad grave. En los niños la mayoría de las veces, las infecciones son virales y autolimitadas, esto quiere decir que resuelven solas. 
Sabemos también que hay que usar antitérmicos sólo para mejorar el confort del paciente, no para que descienda la temperatura. Así que si un niño está febril pero jugando y tomando líquidos no es necesario dárselo. Lo mismo ocurre con los baños fríos, paños, etc. No están indicados. Sólo van a conseguir que los niños se sientan más molestos. 
Entonces qué hacemos si nuestros hijos tienen fiebre. Primero mantener la calma, ofrecerles mucho líquido, mimarlos y observarlos. Si está muy molesto se le puede ofrecer el antitérmico. Si prefiere estar acostado o no comer, respetarlo y no insistir. 
Consultar al pediatra para tratar de identificar por qué se produjo la fiebre. No es necesario en todos los casos salir corriendo a la consulta. Lo ideal es hacerlo tranquilos y por consultorio, no por la guardia. 
Hay casos en los que sí hay que hacerlo con URGENCIA: 
* Si el niño tiene menos de 2 meses de vida. 
* Si llora en forma inconsolable. 
* Si está muy dormido y/o cuesta despertarlo. 
* Si tiene dificultad para respirar y se encuentra agitado. 
* Si parece muy enfermo y no se lo ve bien. 
* Si tiene alguna enfermedad que disminuye sus defensas. 
* Si tiene manchas o puntos rojos en la piel que no desaparecen al hacer presión sobre ellos.