CURIOSIDADES ¿Quién fue Jorge Sarudiansky?

¿Quién fue Jorge Sarudiansky?

Se definía a si mismo simplemente como “un constructor que se divierte” pero en realidad Jorge Sarudiansky fue uno de los artistas más notables de su generación, de esos pocos a los que solemos llamar “grandes maestros” y el dato de color que nos hace enorgullecer es que además nació en nuestra ciudad.
Director de arte, dibujante, diseñador gráfico, escenógrafo, vestuarista y la lista podría seguir. “Saru” como lo llamaban sus amigos nació en 1937 en Tapalqué, hijo de Simón Sarudiansky, odontólogo del pueblo, y de Maria Estela Despervasques, maestra rural.
Fue director de arte de películas memorables que han quedado en la memoria colectiva y su trabajo tuvo mucho que ver con eso. De esto no se habla , Pobre mariposa, Esperando la carroza , La peste, entre muchas otras. Además trabajó como escenógrafo en innumerables obras de teatro de primer nivel.
En una entrevista en el Diario La Nación (21/10/2004) le preguntaron:

Qué es diseñar una producción?
-Imaginar visualmente toda una película, por ejemplo. Y eso incluye la escenografía, la dirección de arte, la ambientación, etcétera.
Otra manera de ubicarme sería decir que soy un enamorado del dibujo, ¡un loco por dibujar! Siempre me gustó dibujar, y mi carrera artística empezó dibujando en los remates de hacienda de mi pueblo cuando era muy chico.
-¿Qué pueblo?
-Tapalqué. Me acuerdo que cuando cayó en mis manos El sueño de los héroes, de Adolfo Bioy Casares, y leí que habla de un personaje que era “un hombre de Tapalqué”, me sentí orgulloso de que mi pueblo apareciese en su obra.
-¿Qué dibujaba?
-Los gauchos que iban al remate, lamentablemente no guardé ningún dibujo de aquella época. Mi carrera continuó al comienzo de la escuela primaria, cuando pintaba telones para las fiestas patrias o de fin de año.

A los once años se fue a estudiar a un colegio de pupilos en Ramos Mejía, y más tarde a estudiar Arquitectura a Capital federal.
J. Sarudiansky fue parte del famoso y renombrado Instituto Di Tella, el sitio que reunía la vanguardia artística en los años 60. Allí realizó la puesta de la primer obra de Nacha Guevara.
Su carrera fue tan variada que entre sus colaboraciones podemos citar el diseño del diario de la “CGT de los argentinos” que editara en 1968 Rodolfo Walsh. También a pedido del escritor colaboró ilustrando una vista en planta de la escena del asesinato del dirigente de la UOM, Rosendo García, que se publicaba por entregas en ese mismo diario y más tarde se convertiría en el libro “¿Quién mató a Rosendo?”.

Su primer largometraje fue “Las Pirañas” del director español Berlanga. En 1985 trabajó como director de arte y vestuarista de “Esperando la carroza” de Alejandro Doria, que con los años se convertiría en un clásico del Cine Nacional. Sarudiansky diseñó los decorados, el vestuario y eligió locaciones para esta obra, otorgándole una estética única, reforzando el género grotesco que proponía el guión, al punto de parecer adelantarse al estilo Almodóvar. 
En 1991 trabaja en “La Peste” de Luis Puenzo. Nuestro artista imagina una ciudad y la construye con la sumatoria de locaciones y escenarios, ve antes que nadie -en su cabeza- lo que se verá luego en la pantalla grande. 
Fue también diseñador gráfico, tarea que realizó en sus años de exilio en la década del 70, aunque ya había realizado muchos afiches de películas en las que trabajaba como director de arte. 
En los últimos años se dedicó a la publicidad, allí con los presupuestos a su favor pudo crear los mundos que imaginó.
Jorge Sarudiansky falleció en Buenos Aires el 27 de julio de 2009 y el filósofo y escritor José pablo Feinman escribió: 

“ Cuando entraba en un set, los jóvenes –como si su sabiduría fuera un imán para ellos- lo rodeaban, lo miraban trabajar, le preguntaban cuestiones técnicas, artísticas, en una época en que ya no hacen eso porque la madurez se ha devaluado, porque el “estar al día”, la rapidez, la inmediatez del universo tecnológico mató al saber madurado de los sabios. Saru, sin embargo, siempre se movió a sus anchas entre jóvenes que lo admiraban, jóvenes lúcidos que buscaban recibir algo de su saber profundo, trabajado por los años. Aprendían con él, recibían, aún en la rutinaria filmación de un comercial de tantos, la grandeza que el escenógrafo debe atesorar, su vértigo visual, su capacidad para descubrir en la realidad estructuras, simetrías, antagonismos dinámicos, que para otros son invisibles”.

*Fueron consultados para esta reseña el Libro “Sarudiansky El niño argentino” –2014– editado por Ana Sarudiansky, hija del artista; y el Documental “Saru” dirigido por Ale Isler –2016–