Crecer jugando

Crecer jugando

Por Dra. Florencia Núñez . Pediatra SAP

Esta vez vamos a comenzar haciendo un ejercicio. Cerramos los ojos unos segundos y buscamos en los recuerdos de nuestra infancia un juego con el que fuimos felices. Si lo hiciste, seguro estás sonriendo.
“Jugar no es para el niño una distracción o un modo de divertirse, es una función fundamental, tan fundamental como comer o respirar.” Lo dice el Dr. Florencio Escardó, médico considerado el padre de la pediatría.
Desde que somos bebés, muy pequeñitos, utilizamos el juego para conocer. Empezamos con pataditas, manotazos, carcajadas y a medida que crecemos, a imitar sonidos con la boca o a mover las manos al son de qué linda manito, descubriendo nuestro cuerpo y el de nuestros seres queridos.
Con el gateo y la caminata llega nuestra autonomía y nos llama la atención el mundo lleno de objetos que hay a nuestro alrededor. Nos da demasiada curiosidad saber que hay dentro de los cajones, en los muebles con puertas. Descubrir cosas que podemos hacer sonar, apilar, encastrar, rodar, morder. También nos encanta jugar con agua, romper la tensión que tiene la sustancia chapaleando, observar cómo corre a través de las superficies. Ni hablar de la tierra y el barro, sentir la textura, ver que se pega entre los dedos, que nos sirve para dibujar.
Ya cerca del año y medio, descubrimos los juguetes. Nos gustan las pelotas que podemos arrojar una y mil veces y cada vez más lejos, con la mano, con el pie; los muñecos, a los que cambiamos, damos de comer, sacamos a pasear;

los autos que ruedan por donde y hacia donde queremos, y nos obligan a hacer rummrummm o pipi para avisar que estamos llegando.
Más tarde surge el juego compartido y si hay algo que disfrutamos es armar casitas con cajas o sillas, chozas con lonas o ramas, que sirven de hogar, oficina, consultorio, kiosco o cuartel de bomberos.
A medida que dominamos nuestro cuerpo, empezamos a querer ponerlo a prueba y ahí si quién nos baja del árbol. Aparece además la bicicleta, los rollers, el skate y explotamos al máximo el equilibrio y la velocidad. 
El juego va de la mano de nuestro crecimiento, desarrollo y es, sobre todo, un derecho. Si tenés hijos, sobrinos o nietos olvidate del orden en la casa, de la ropa paqueta e incómoda, de que estar mojados o tomar frío enferma, de que hay juegos para nenes y otros para nenas. Permitiles ensuciarse, explorar, dejales a su alcance objetos simples que necesiten de su imaginación para tener el sentido que quieran que tenga. 
Y jugá con ellos. En tu tiempo libre desprendete del trabajo, el celular y la tele. Pensá que cuando sean adultos, viejitos y les toque rememorar los momentos más felices de su niñez podés estar vos ahí acompañando en su recuerdo.